miércoles, 3 de octubre de 2018

Siempre Tenés Que Poder

Empiezo esta historia hablando de mi madre: una mujer intachable, pura, perfeccionista, pero sobre todo insistente hasta morir.

Desde pequeña, crecí viendo a mi mamá lograr muchas cosas contra viento y marea sin necesidad de distracciones triviales (un romance, una noche de copas, NADA). Solo insistir, jugar ajedrez con la vida y lograrlo. Una especie de super héroe. No tuve una niñez de lujos, pero nunca me faltó nada. Me sobró amor y una buena educación con la que he logrado ir por la vida sin problemas.

Ella me dejó el mejor legado, que a la vez resultó ser para mi uno de los peores: "siempre tenés que poder". Me lo enseñó sin decirlo.

No voy a perder el tiempo explicando por qué es el mejor legado porque creo que queda bastante claro, pero, ¿porqué el peor? La cosa es que naturalmente cuando venís y la cagás (¡perdón por el lenguaje mamá!), lo más fácil es ahogarse en sentimientos mortales y quedarte ahí estancado solo queriendo ver la vida pasar. Y claro, ahí es cuando esa presión de lo no dicho empieza a jugar con tu mente.

Como alguien que ha visto a su super héroe favorito no desmayar, no tienen idea de lo díficil que es aprender que está bien estar triste o enojarse con la vida de vez en cuando, está bien equivocarse y sobre todo, está bien pedir ayuda. Básicamente entender que no siempre podés (sola).

De mi mamá aprendí que siempre hay que seguir, pero aprender cómo seguir ya me toca a mi.


- Di.

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