Como muchas personas en la ciudad, desde hace un tiempo Sofía siente su vida entera en piloto automático. Siente que nada le pertenece, mientras la corriente del tiempo la arrastra de un día al siguiente, y ella solo puede quedarse a mirar sin saber qué hacer.
Sofía se levanta tarde, toma una ducha rápida, se pone lo primero que encuentra, toma algo de café y corre al trabajo. Un trabajo en el que a veces siente que le atina y a veces no, y solo le queda pedirle al cielo cada día que todo salga bien.
Finalmente regresa a casa con el tráfico de todos los demás zombies de ciudad, mientras recuerda aquel mal amor que terminó de completar el combo de sus desgracias.
Sofía recuerda aquellos días donde la vida era más dulce y todo tenía sentido. Donde podía permitirse ser irresponsable de vez en cuando, dónde ese acto irresponsable le daba sentido a su vida.
Sofía, detenida en el tráfico, ve al cielo mientras la nostalgia y los recuerdos le dejan una lágrima que corre lenta sobre su rostro. ¿Qué hizo mal, cómo llegó aquí?
Su mente sigue divagando, se le antoja un abrazo, una locura, un acto irresponsable con los amigos. Sofía seca sus lágrimas, sonríe, mientras se promete a sí misma romper ese molde de ciudad. Se promete que todo va a estar bien, y se abraza.
Sofía necesita ese acto irresponsable que le devuelva la vida. Sofía sigue estancada.
- Di.
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